Llamados a luchar, no a ganar – Parte 1

Dejó aquel lugar y llegó a su pueblo natal, y sus discípulos le siguieron. El sábado empezó a enseñar en la sinagoga, y varios de los que lo escucharon han quedado estupefactos. Ellos dijeron:”¿De dónde sacó este hombre todo lo mencionado? ¿Qué inteligencia le fué dada? Qué actos de poder son hechos por sus manos! ¿No es éste el carpintero, hijo de María y hermano de Santiago, de Joses, de Judas y de Simón, y no están sus hermanas aquí con nosotros?” Y se ofendieron con él. Entonces Jesús les dijo:”Los profetas no están sin honra, sino en su pueblo natal, y entre sus parientes, y en su casa”. Y no ha podido llevar a cabo ahí ninguna obra de poder, sino que impuso sus manos sobre unos pocos enfermos y los curó. Y se asombró de su incredulidad. He pasado parte importante de los últimos días en el hospital con nuestra amiga Morna. Es una querida amiga y madre de familia para mí, y se está muriendo, y desde luego no hay nada que logre llevar a cabo sobre esto. Por eso me siento a su lado y hago lo católico. Yo rezo, le digo que la amamos, y hago varias cosas con las manos. E indudablemente, mientras pasan las horas, uno se pregunta:”¿estoy logrando algo estando aquí? Es diferente cuando el individuo cercano se sienta en la cama y cuenta un chiste raro, comparte sus esperanzas y temores, y le cuenta todas esas viejas historias que usted oyó un millón de ocasiones antes. Pero cuando llegaste a ese punto en el que por el momento no hay ninguna comunicación real y no estás seguro de que verdaderamente estén distribuyendo tus oraciones, y cuando no estás seguro de que verdaderamente sepan que por el momento no estás ahí, te preguntas:”¿hay algún punto en lo que estoy realizando aquí? Mucha vida puede ser de esta forma, ¿verdad? Te dedicas a intentar criar a tus hijos para que sean bellísimos, gente temerosa de Dios, y después se convierten en jovenes y te preguntas:”¿De qué sirve?” No, no verdaderamente. Pero bastante ministerio católico es de esta forma, ¿no? Hacemos nuestro mejor esfuerzo para ser leales a Dios y ponemos nuestro tiempo en el ministerio y hacemos esas clases de Escuela Dominical y mencionamos nuestras oraciones y predicamos ese sermón y compartimos tanto de nuestro tiempo y dinero como tenemos la posibilidad de y hacemos comidas para aquellas personas y les dejamos quedarse en nuestra casa porque es lo que Jesús hubiera hecho, y pasamos bastante más de veinte años intentando de crear esa iglesia hasta el punto en que puede seguir bajo su vapor, y ¿Es lo que estoy realizando verdaderamente alguna distingue?” Y no es porque mire hacia atrás a mis camaradas de clase en el seminario y vea cómo todos se convirtieron en obispos o pastores de megaiglesias o oradores muy buscados, viajando por el planeta para comentar en convenciones internacionales! No es eso lo que me molesta (realmente, no lo es). Es sólo la ambigüedad de todo esto! ¿Realmente estoy realizando una distingue aquí? ¿Estamos realizando algún avance? ¿Este sermón va a contribuir a alguien o es sólo más aire ardiente? Eso está por verse, ¿no es de esta forma, y lo verdaderamente posible es que sea algo que jamás veré? Pienso que esa pertence a las causas por las que me agrada tanto el boxeo. Entrenas, peleas, ¡obtienes un resultado! Puede que no en todos los casos esté según el resultado, pero obtiene un resultado! ¡Pero las superiores peleas en la vida no son así! Comunmente no se aprecian resultados por un extenso, extenso tiempo, y comunmente esos resultados son ambiguos. El ministerio puede ser muy frustrante! Leí de una encuesta de 301 clérigos donde aparentemente el 80% admitió haber experimentado sentimientos regulares de futilidad! De hecho, oí comentar de un tipo que dejó el ministerio y se transformó en enterrador por precisamente esta razón. Cuando le preguntaron por qué cambió de trabajo, dijo:”Pasé tres años intentando de enderezar a Juan, y John todavía es alcohólico. Pasé seis meses intentando de arreglar el matrimonio de Susan, y ella pidió el divorcio. Pasé dos años y medio intentando de solucionar el inconveniente de las drogas de Bob, y él todavía es


Deja un comentario